Alejandro Iglesias es un joven de 29
años que participó del reality show Gran Hermano, en la edición del 2011. Es el
participante que acaparó más atención del público y los medios al conocerse que
padece disforia de género. Desde su figura, aportó en la Primera Marcha
Provincial del Orgullo TLGBIQ.
Por Marco Caponera
Con un mate en
la mano, Alejandro se mezcla entre la gente de la marcha. Con la misma timidez
de siempre, no busca llamar la atención, pero al ser una figura pública son
muchos los que se le acercan para hablar y sacarse fotos. Es que siempre será
“Alejandro de Gran Hermano”. Y está bien, ya que gracias a ese reality pudo dar
a conocer su historia y concientizar a muchos argentinos sobre su realidad.
Dio a conocer la
parte más importante de su historia cuando se negó a meterse a la pileta de la
casa de GH. No quería porque le daba vergüenza que se enteraran que tenía
pechos. Es que padece de disforia de género, es decir, “un desacuerdo profundo entre el sexo biológico y el sexo
psicológico o, dicho de otra forma, entre el sexo con el que se nace y aquel
otro que la persona siente como propio”
“Los genitales
no determinan la sexualidad de una persona”, explicó ni bien salió de la casa. Si
bien a veces se cree que tiene que ver con lo genético, es sólo uno de los
factores que delimitan la sexualidad, que también tiene que ver con las
hormonas, con la historia de la persona, con lo que siente, con lo psicológico
y con su elección.
Desde los
primeros recuerdos que tiene, él siempre quiso jugar con nenes. Sufrió mucho en
la primaria, cuando sus compañeritos lo marginaban y lo discriminaban
constantemente. Y no solo ellos, sino también los adultos. En la secundaria
también la pasó mal, porque según él generaba duda en sus compañeros, ya que
aunque se vestía como un hombre, todavía no había comenzado a tomar las
hormonas que le permiten hoy en día tener tal aspecto. En la marcha se mostraba
contento de tener la libertad de participar y expresarse sin ningún tipo de
prejuicio.
Él siempre
anheló tener un cuerpo que se adecue a su identidad. En abril del 2011 pudo
tener el DNI con su verdadero género, por lo cual se muestra agradecido al
gobierno nacional. Sin embargo todavía lo acompañaba la misma angustia que
desde chico lo privó de hacer muchas cosas. Por eso se sometió a una
faloplastía, que consiste en la implantación de tejidos propios para la
“construcción” de un pene. En su caso, fue a partir de piel de su panza.
La operación a
la que se sometió, fue para que ese implante tenga “funciones” a partir de una
prótesis, y se la practicaron en un hospital público de la plata, el hospital
Doctor Ricardo Gutiérrez.
- Estando en un
cuerpo que no me pertenece no podría haber sido feliz nunca.
Hoy lucha junto
con su novia por la integración laboral de las personas trans, que sin tener
salida, no les queda otra que trabajar en la calle. Aunque no le gusta hablar
de la importancia de su presencia en la marcha, es evidente que su experiencia
sirvió para poner en la mesa de discusión la problemática trans.

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